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Cuando todos opinan: decidir sin MIEDO en medio del ruido

  • 5 mar
  • 3 Min. de lectura

Te voy a contar algo que me pasa en la cancha.

Y que curiosamente también pasa mucho en la vida.


Cuando un partido se pone tenso, el ruido aparece por todos lados.


Miradas.

Opiniones.

Gestos.

Expectativas.


Te juzgan de principio a fin.

Lo curioso es que yo estoy ahí justamente para juzgar.

Pero no desde la tribuna.

Desde la responsabilidad.


Y creeme, no es lo mismo.

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Decidir sin miedo cuando todos opinan (en la cancha y en la vida)

Cuando un partido se pone difícil, el ruido crece. Y decidir sin miedo suele ser una de las cosas que más trabajo tenemos como árbitros.


Una jugadora protesta.

Un entrenador reclama.

Desde afuera alguien grita que fue falta.

Otro dice que no.


Todos ven la misma jugada.

Pero todos la interpretan distinto.

Y mientras todo eso pasa, alguien tiene que decidir.


Aunque acierte.

Aunque me equivoque.


La decisión no se puede evitar.


Con los años entendí algo importante.

Si escuchara todo ese ruido, sería imposible seguir arbitrando con claridad.

El problema no es el ruido… es cuando entra en tu cabeza

El ruido externo siempre existe. Eso no cambia.

Lo que sí cambia es lo que pasa cuando ese ruido empieza a meterse adentro.

Porque entonces aparece la duda.


Ese instante en el que te preguntás:

¿Y si me equivoqué?

¿Y si tendría que haber hecho otra cosa?

¿Y si todos tienen razón menos yo?


En la cancha eso dura segundos.

Pero en la vida puede durar meses, años o toda la vida. Cuando la duda aparece, decidir empieza a dar miedo


La duda no siempre paraliza de golpe.

A veces empieza de forma más sutil.


Pensás más de lo normal.

Analizás demasiado.

Buscás más opiniones.

Esperás más claridad.


Pero lo que en realidad está pasando es otra cosa.

El ruido de afuera empezó a influir en lo que pasa adentro.


Y cuando eso ocurre, decidir se vuelve mucho más difícil. En algún momento tenés que bajar el volumen


Con los años entendí algo que también sirve mucho fuera de la cancha.

En algún momento tenés que aprender a hacer algo muy simple…


bajar el volumen.

No porque las opiniones no existan.

Sino porque si escuchás todas al mismo tiempo, la decisión deja de ser tuya.


Y cuando la decisión deja de ser tuya, el miedo cae por su propio peso. Decidir no es cómodo


Tomar decisiones nunca es cómodo.

Menos todavía cuando hay gente mirando.

Cuando hay expectativas.

Cuando sabés que alguien va a juzgar lo que hagas.


Pero hay algo que aprendí arbitrando partidos.

El ruido no desaparece.

Lo único que cambia es cuánto permitís que influya.


Cuando el ruido influye demasiado


Si estás en un momento donde sentís que hay demasiado ruido alrededor

y que eso está influyendo en tus decisiones, no sos la única persona a la que le pasa.


Sucede mucho más de lo que imaginamos.

A veces lo que hay que entrenar no es la decisión en sí.

Es la claridad.


La capacidad de separar el ruido de lo que realmente importa.

Si sentís que estás en ese punto, podemos trabajarlo.


Y si querés leer algo que conecta mucho con esto, te recomiendo este artículo:



Porque muchas veces decidir no es tener todo claro.

Es animarse igual.

 
 

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